El Infiel Virtual
Autor: Lourdes
Puede resultar extraño hablar de «cibercuernos», pero es ya un término habitual en EEUU. En España, cientos de internautas navegan cada noche por los canales de «chat» de la Red en busca de sexo virtual, muchos de ellos con una pareja estable que no sabe nada de su «caza» particular.
Delia Rodríguez - Madrid .-
Las relaciones de amistad y amor a través de la Red han dejado de ser extrañas. Casi todo el mundo ha oído hablar de alguien que encontró a su pareja por Internet, generalmente a través del «chat», es decir, conversando en tiempo real con otras personas.
«Conoces a alguien en el canal, surge la "chispa" porque te gusta lo que cuenta o cómo escribe y comienzas a hablar casi todos los días con esa persona», cuenta Miguel Ángel Díez Ferreira, Director de servicios y comunidades del portal Ya.com, uno de las webs españoles que congrega cada día a más internautas dispuestos a «chatear».
Después, los dos usuarios se intercambian los e-mails y los teléfonos y, por lo general se acaba deseando conocer a la otra persona.
Aunque no es extraño que los interesados decidan conocerse sin más preámbulos, las «kedadas» (reuniones físicas de los habituales de un canal de charla) pueden suponer una buena excusa, pues la presencia más gente acolcha el riesgo o el miedo a conocer en persona a alguien a quien sólo hemos tratado por Internet, pero que a pesar de todo nos interesa.
Sin embargo, este proceso, que a veces incluye «cibersexo» (conversaciones eróticas que suelen llegar a un alto voltaje), puede ser mucho más directo y fácil para alguien que tiene claro lo que quiere. Aunque el correo electrónico, los servicios de mensajería instantánea y las videoconferencias en tiempo real son muy utilizados para mantener relaciones sexuales a través de Internet, el «chat» es el medio estrella para este tipo de contactos.
Ocultos tras un «nick»
Tal y como pudimos comprobar, en un «canal sexo» hispano (en jerga internauta, #sexo) bastan cinco minutos para que las solicitudes de «privados» (charlas entre sólo dos usuarios) de carácter sexual inunden a alguien oculto tras un buen «nick» (seudónimo, nombre de guerra), y sin molestarse en teclear ni una sola palabra. Este es sólo uno de los cientos de chats de «amor», «sexo» o «ligue», los más exitosos de la Red. Tan sólo entre dos canales de la red IRC, #sexo y #amor, más de 800 usuarios se reúnen cada noche. Aunque se puede practicar el cibersexo en cualquier «chat», la cantidad de canales dedicados explícitamente a este tema es infinita.

En Internet, el interesado encontrará sin buscar demasiado canales con asuntos tan explícitos como #Parejas, #Amor_desenfrenado, #Lesbianas_bcn, #Gay_joven_busca_maduro #Gaycasados, #Sexo-casadas, #amor_y_sexo, #Amor_y_se- xo_libre, #Fotos_xxx o #Sexo_telefonico y conversar (o algo más, si se lo propone)con «Buscotia», «chicosxx», «cachondas», «puta_hari», o «rasurada», por ejemplo. Patricia Wallace define el ambiente a la perfección en su libro «La psicología de Internet»: «En las redes encontramos canales cuyos títulos transmiten la típica atmósfera de los bares de alterne (#jacuzzi, #ciber- sauna) y prácticamente cualquier variante sexual concebible».
Alguien «no iniciado» seguramente se sorprenderá al ver cómo se desarrolla una conversación de tipo sexual en un chat. Beatriz Búndalo reproduce en su estudio «Amor y sexo en Internet» el caso de un internauta que describía con humor su propia «ciberviolación», sufrida ante un «donjuan» electrónico que le invitó a tomar una copa virtual: «La conversación iba derivando hacia aspectos... íntimos.
Yo, inocente, seguía su juego. Empezó a apagar luces molestas, a poner música y a acomodarse. Me pidió que le expresara sus deseos y que la acariciara, a la vez que expresaba su disposición. Así lo fui haciendo, nervioso por saber si eso era lo que ella esperaba (...) Sus mensajes pedían más. A mí me dominaba la curiosidad a la vez que pensaba: ¿pero qué chorrada estoy haciendo? De pronto, ella expresó su orgasmo. Pero el siguiente mensaje, cuando no me había dado tiempo ni a cerrar la boca, me dijo: "Ahora debo salir, nos vemos, ciao". Fue frustrante». Y toda la experiencia sucedió tan sólo a través de la pantalla y el teclado del ordenador.
El brillo de lo desconocido
Indudablemente, Internet pone al alcance de todos la posibilidad de relacionarse de la forma más fácil imaginable. Basta entrar en una sala de charla y teclear para conocer gente nueva de inmediato... y alguna de ellas puede despertar sentimientos.
«Una relación nueva y excitante puede destruir un matrimonio sumido en el aburrimiento. Puedes creer que ya lo sabes todo sobre tu marido, mientras que el hombre que conociste en Internet te ofrece sorpresas fascinantes.

Tu esposa puede no compartir tu interés por la pesca con mosca pero la mujer que conociste en el grupo de discusión sobre ese tema se pasará horas hablándote sobre tu deporte favorito.
A medida que construyes fantasías sobre él o ella, aprendes más sobre lo que quieres en la vida, y eso te puede hacer sentir insatisfecho en tu matrimonio», afirma la psicóloga norteamericana Esther Gwinnell en «El amor en Internet».
Y eso siempre conlleva «peligro» para una relación tambaleante. Quintana afirma que «las infidelidades en Internet están a la orden del día», porque Internet es claramente «un campo abierto para que la gente se conozca».
El psicólogo Juan Alberto Estallo Martí trabaja en el Instituto Municipal de Psiquiatría de Urgencias de Barcelona, un centro público que ofrece asistencia sanitaria gratuita y especializada a aquellas personas aquejadas de «ciberadicciones», y comenta que los problemas de pareja debidos a los ligues virtuales son «relativamente frecuentes». «Es una situación típica» -afirma el psicólogo- «un matrimonio con problemas de fondo, en el que uno de los dos se aficiona al "chat" y se encierra a hablar por Internet después de cenar, con el consiguiente enfado del otro».
El desencadenante
De todas maneras, una cosa parece estar clara: si una persona no se ha planteado ser infiel a su pareja, no lo va a ser tampoco a través de la Red, por muy fácil que se le pongan las cosas. Estallo Martí afirma que es un requisito necesario que la situación esté enrarecida con anterioridad, que «tiene que haber una decisión previa». Aunque en eso, el chat es como cualquier otro medio, puede «puede producir la rotura» pero no es el único culpable, sino un medio, insiste el psicólogo.
Aunque nadie en su sano juicio consideraría que su pareja le ha puesto los cuernos porque es aficionada a las webs para adultos o porque ve películas pornográficas, cuando se habla de relaciones a través de los canales de charla o del correo electrónico, algo cambia. Detrás del PC existe otra persona, totalmente real, que responde y que puede suponer una amenaza para una relación, porque entran en juego los sentimientos. «Se puede llegar a dejar a la familia o el trabajo por una relación surgida en Internet», afirmó Lucía Quintana, sexóloga que dispone de un «consultorio virtual» en Internet.
El ligue digital

Así, desde hace unos años ha surgido la figura del «amante virtual», un tema cotidiano en Estados Unidos, donde se calcula que sobre el quince por ciento de las consultas de los detectives privados tienen que ver con los «cibercuernos».
Incluso se han creado gabinetes especializados en seguir de cerca estos casos de infidelidad, incluso ciertos programas espía especializados que monitorizan todas las webs visitadas por el ordenador controlado y graban una copia de los mensajes de correo electrónico enviados y recibidos, prometen «mantener al tanto al marido de lo que hace su mujer» frente al ordenador.
Celos del ordenador

Pero ¿hay motivos para estar celoso, incluso cuando el cyber-affaire de la pareja no transciende al «mundo 3D»? La gran pregunta es si el sexo virtual constituye una verdadera infidelidad entre personas casadas o si para que una actividad sexual sea adúltera se requiere un contacto físico. En Estados Unidos, donde los especialistas en tendencias sociales vaticinan una verdadera explosión de «cibersexo» en un futuro inmediato, ha existido por lo menos una sentencia de divorcio basada en que una relación a través de Internet constituye adulterio.
Gwinnell afirma que existe la «infidelidad emocional», pues «cuando una persona casada pasa más tiempo con una pareja de Internet que con su pareja de la vida real, está restando ese tiempo de la convivencia con su cónyuge», aunque muchos de los que participan en aventuras a través del chat o el correo no creen estar traicionando a su pareja.
Si sospecha que su pareja puede tener un ligue en la red, debe sospechar si él o ella cambian sus horarios de sueño, quedándose hasta tarde frente al ordenador; si le pide que respete su intimidad y que no le moleste mientras «chatea»; si descuida las labores del hogar; si miente descaradamente; si detecta algún cambio en su personalidad, si pierde interés en el sexo o si no se implica en la vida de pareja.
Una cuestión de ética
Pero, a pesar de todo, el amor virtual parece tener incluso sus ventajas, según se mire. El psiquiatra Juan Alberto Estallo reconoce que, a ciertas edades en las que las posibilidades de relacionarse se ven limitadas, el chat es un medio que hace más fácil conocer gente.
Y es un medio ideal si el internauta infiel no quiere correr el riesgo de ser descubierto: «En una reunión de amigos, si la pareja tiene el mismo lugar de trabajo, en la relación cara a cara con otros se puede adivinar o intuir con mayor facilidad una posible infidelidad», dice Beatriz Búndalo, y añade «en el amor a través de bites es muy difícil conocer este tipo de engaños (...) es muy sencillo ligar con otros. El hecho de que suceda o no lo marca la condición individual de cada uno».
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